miércoles, 28 de abril de 2010


¿Una Caballería de Agua?

El siguiente hecho demuestra lo importante que es la resolución de hallar la salida a los problemas y la creatividad que hay que emplear en los mismos.

La gran fama de la bravura de Páez actuó en contra de la mente de los realistas, que, creyéndose a salvo de la caballería del venezolano se sentían seguros sobre lanchas armadas con cañones.

Y al ver zambullirse a Páez al agua con sus caballos y sus diestros jinetes, entraron en pánico y prefirieron dispersarse en fuga lanzándose al agua en un río infestado de caimanes, antes que exponerse a la certera puntería de los lanceros de Páez. Y es que ¿Quién podría imaginarse ver lanzas contra cañones? ¿Y en el agua?

Veamos como lo cuenta el mismo Páez en su autobiografía:

“Impaciente Bolívar por comenzar la campaña, estuvo tres o cuatro días en San Juan de Payara, meditando de qué manera pasaría el río de Apure con el ejército, no teniendo embarcaciones en que hacerlo, y estando las del enemigo guardando el único lugar por donde podíamos pasarlo sin riesgo del cañón de la plaza.

En gran incertidumbre se hallaba, por no encontrar el medio de allanar aquél obstáculo mientras yo le animaba a que se pusiera en marcha, asegurándole que le daría las embarcaciones necesarias.

El me preguntaba: Pero hombre, ¿donde las tiene usted?

Yo le contesté que las tenía el enemigo
- ¿Y de qué manera podemos apoderarnos de ellas?
- Con caballería
- ¿y dónde está esa caballería de agua? Porque con la de tierra no se puede hacer tal milagro.

Al fin resolvió marchar y acercarse al río, no con la esperanza de la que la operación prometida se efectuase, sino para resolver que partido tomaría.

Una milla antes de llegar al río, se le suplicó que hiciera alto con el ejército para sacar de él la gente con la que íbamos a tomar las lanchas enemigas, y todavía le parecía que todo aquello era un sueño o una broma, sin embargo, accedió a mis deseos.

Solo cincuenta hombres se tomaron de la Guardia de caballería, y con ellos llegamos a la orilla del río con las cinchas sueltas y las gruperas quitadas para rodar las sillas al suelo sin necesidad de aperarnos del caballo.

Así se efectuó, cayendo todos juntos al agua, y fue tal el espasmo que causó al enemigo aquella operación inesperada, que no hizo más que algunos disparos de cañón, y en seguida la mayor parte de su gente se arrojó al agua. Catorce embarcaciones apresamos entre armadas y desarmadas.

Asombrado Bolívar, dijo que si él no hubiera presenciado aquel hecho, nadie habría podido hacérselo creer.”